Teatro de los Cronopios

Friday, October 06, 2006

Cronopios
Diario virtual para hombres y mujeres de palabra
Fundado en 1990 – Jueves 24 de noviembre de 2005
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La Siempreviva
bajo la lluvia

Por Ignacio Ramírez
Director de Cronopios

El domingo pasado, bajo un aguacero que parecía del diluvio bíblico, cerca de 50 privilegiados espectadores nos sentamos en las butacas de la casa vieja del teatro El Local, en Bogotá, para ver La siempreviva, en la última función simultánea a la triste conmemoración de los 20 años de acontecimiento del vergonzoso drama del Palacio de Justicia, donde el ejército sin comandante soberano arrasó con los magistrados de la Corte Suprema, los delirantes e irresponsables guerrilleros del M-19 y los inocentes ciudadanos que por fatídico avatar se encontraban en el lugar durante esos días negros de noviembre de 1985.
Era tan torrencial la lluvia, que uno pensaba que si se hubiese desatado dos décadas atrás quizás habría apagado el fuego criminal, que en un par de días aciagos borró del mapa las vidas humanas, el edificio, los archivos de todo tipo y hasta la poca memoria de este pueblo amnésico, si acaso en este recorderis otra vez los colombianos mansos o miedosos permitimos que se oculte la verdad y se escamotee la posibilidad de hacer justicia.
Antes de la función, Miguel Torres, el director y autor de esta obra espejo del dolor y la vergüenza, comentó que en tantos años como lleva poniéndose en escena, era la primera vez que se afrontaba una lluvia tan furiosa, que hizo regaderas por entre la marquesina del patio donde la historia se ha revivido tantas veces.
“No obstante —dijo— va a escampar, pues de lo contrario tendríamos que suspender la función.”
Afuera había mucha gente empapada, ya sin esperanzas de conseguir una butaca, porque aún con la precaria publicidad que por falta de recursos se puede dar a las obras teatrales, el correo del rumor cumplió con llevar el mensaje a sus destinos.
Y entonces escampó y comenzó el teatro. Fue la décima vez que yo vi y viví La siempreviva. Y como siempre sentí que cuando en esa casa de La Candelaria se alborotan los fantasmas de la hecatombe, actores y espectadores nos fundimos en un episodio ignominioso donde de un lado vivimos muertos de la risa y del otro morimos vivos entre la cobardía y el espanto.
Más que una magistral puesta en escena, La Siempreviva es un dedo en la llaga de la gran herida nacional que es la barbarie. Más que la historia de Julieta Marín “quien salió a trabajar la mañana del 6 de noviembre de 1985 y desde entonces no regresó a su casa, aunque fue vista por última vez caminando entre las palomas de la Plaza de Bolívar”, La Siempreviva es un estremecedor grito que reclama verdad y justicia, dos grandes imperativos de la democracia, que en los países de políticos corruptos como el nuestro se han rebajado a la siniestra condición de iniquidad y farsa.
Como pieza de teatro, La Siempreviva es magnífica. Un reparto de actores excelente, dosis de patética ironía in crescendo, sonido y luces oportunos para el equilibrio de un libreto elemental en apariencia pero profundo y efectista en todo.
Como vivo testimonio de la historia, La siempreviva es reflejo de la festiva y cándida condición humana de los hombres y mujeres colombianos, sinónimo de la esperanza ingenua, del rebusque, del encierro entre los límites que fijan los siemprevivos gobernantes que, como en el caso de Belisario, escurren el bulto prometiendo revelar la verdad después de muertos, mientras suponen que escriben poesía o se van para seminarios internacionales mientras el pueblo llora a sus muertos y clama rectitud a sus torcidos líderes.
Diez veces he visto y he vivido La Siempreviva. Diez veces he reído y he llorado en mi butaca. Diez veces he repetido que ningún colombiano debería quedarse sin ver esta obra donde la verdad y la justicia aletean invisibles en un patio triste.
El aguacero se desgajó de nuevo. Todos salimos en silencio y nos miramos a los ojos sin decirnos nada.

La Siempreviva es una obra escrita y dirigida por Miguel Torres, del Teatro El Local, de Bogotá. En el reparto están: Carmenza Gómez (quien alterna con Carmenza González), Lorena López, Pablo Rubiano, Alfonso Ortiz, Jenny Caballero, Alberto Valdiri y Eduardo Castro. Sonido: Félix Ruiz. Luces: Wilson Rodríguez.

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